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    jueves, 30 de abril de 2015

    NO AL TRABAJO

    El primero de mayo, millones de trabajadores y trabajadoras celebran el día del trabajo.¡Insensatos! Hasta la misma palabra es infame. Deviene del latín  "trepalium", una suerte de cepo o instrumento de tortura con tres maderos cruzados al cual era sujetado el reo. De ahí deriva, en el latín vulgar, "tripalio" significando torturar. Y por extensión "trebajar" o trabajar, como sinónimo de sufrir.

    ¿Qué queréis que os diga? Nos han engañado miserablemente. ¿A quién se le ocurrió dignificar el trabajo?. Ah, sí, ¡espera! ¿a los poderes fácticos que controlan el mundo?

    La cosa, en occidente, comienza como una especie de desiderata divina: has sido malo... muy malo. Por eso "ganarás el pan con el sudor de tu frente". O sea, trabajando (o sufriendo, que es lo mismo).

    Y comenzó eso de las clases. Por una parte Dios, como amo y señor de este parque temático. Y por el otro, los seres humanos sufriendo diariamente, sudando real o metafóricamente, para ganarse el derecho a sobrevivir en este mundo denominado, más tarde, para mayor humillación: "valle de lágrimas". Por si no había quedado suficientemente claro, la cosa es que venimos al mundo a trabajar (sufrir) y, en consecuencia, a llorar.

    Pronto algunos humanos más fueron pillando el truco; unos pocos y se arrogaron el derecho a estar en la parte de Dios.

    Ese es el plan. Así se lo montaron, nos lo contaron y así nos lo hemos creido.

    Por el medio pasan muchas cosas, pero son prácticamente irrelevantes. Constituyen eso que convenimos en llamar evolución social.  Yo lo llamé evolución de la barbarie, por si te apetece profundizar.


    ¿En serio, queremos trabajar?

    Parece que sí. Por trabajar mucha gente estaría dispuesta a casi cualquier cosa. Tan grande ha sido el engaño que poner en duda la cordura de quien quiere trabajar se tachará de locura y viceversa.

    Hasta se volverá a hablar encendidamente, en este primero de mayo, de la lucha de clases. Tal debate sugiere que una persona es trabajador y así debe ser, por encima de todas las cosas.

    No digo que, desde un punto de vista, no tenga su lógica. Pero ese punto de vista es totalmente inmovilista. Mejorar las condiciones en las que una persona es crucificada no es precisamente malo. Querer ser dueño de su propia cruz, suena bien. Pero, mucho mejor aún sería que no hubiese tripalios, cruces, crucifixiones ni crucificados.


    Venga, ¡suelta ya tu utopía!

    A ver, nos la han metido doblada desde el principio de los tiempos. Las cosas pudieron ser de otra manera y, tal vez, algún día lo sean. Pero va a ser difícil que este argumento se tome en serio. Reconozco que sí, soy utópico: no creo en el trabajo.

    Es más, me repugna que sigamos perdiendo la vida, no en utopías sino en manifiestos engaños. ¿La revolución industrial, el desarrollo tecnológico, las máquinas, los robots iban a conseguir una sociedad en la que no tuviéramos que trabajar como esclavos? Si, ya ves.

    El conglomerado económico es de una naturaleza tan falsa que basta mirar con algo de objetividad la situación en la que nos encontramos. No hace falta considerar siquiera el trabajo esclavo, que existe. Y existirá mientras todo el mundo mire para otro lado mientras compra, por ejemplo, las zapatillas deportivas de moda o la última maravilla de teléfono móvil. No, no hace falta considerarlo, al fin y al cabo, si estás leyendo esto probablemente seas inmensamente rico.

    Basta considerar tu propia situación, la de tu vecino, la de la persona que dormita, falto de sueño, en el metro, a tu lado. Con cualquier atisbo de inteligencia no haría falta profundizar en la tremenda injusticia de un sistema en el que pasaremos la vida intentando trabajar (usualmente sufriendo) para poder mantener todas las necesidades artificiales que el propio sistema nos ha inyectado.

    Y si te rebelas, basta sacar al coco: ¡estamos en crisis! ¡confórmate con lo que hay y da gracias a Dios!.

    No creo en el trabajo porque este pequeño punto azul pálido contiene riquezas suficientes para todos. En este mundo nadie debería trabajar.


    Tonterías dices

    En serio. Todo el mundo debería hacer lo que le gusta hacer. Así, debería haberse construido una sociedad en que cada cual pudiese desarrollar su propia vocación y seguir la estela de la inspiración. ¿Utopía? ¡Claro que es una utopía!. En este día saldrá mucha gente, una vez más, a reivindicar su derecho a trabajar. Y, nuevamente, los que han decidido repartirse el mundo sonreirán orgullosos ante este pequeño juego, esta mínima concesión; el derecho a pedir trabajo. Según cómo vaya el juego y según la ubicación geográfica, conquistaremos un pequeño derecho más y, en algún otro sitio, perderán la parte proporcional. Si a quienes les permitimos controlar todo esto no les gusta cómo va el juego, crearán conflictos y asustados nos conformaremos con condiciones algo más miserables. Que mejor cobrar un salario de miseria que no tener nada. ¿Te suena? Está pasando.


    ¿Pero, qué mundo sería ese que sueñas?

    Ya lo he dicho, un mundo donde cada cual desarrollase su vocación, diese rienda suelta a su creatividad haciendo lo que le diese la real gana. Un mundo sin fronteras artificiales en el que cada cual pudiese circular libremente (porque hay espacio para todo el mundo, créeme). Sería una sociedad muy diferente, claro. Pero, desde luego, no puede ser peor que esta.

    Sería un mundo tan diferente que es difícil de imaginar. ¿Habría ciencia? ¿tecnología?. Sin duda. ¿O acaso no hay gente que sentimos pasión por la investigación y la tecnología?.

    Utopía, sí. Pero una utopía que cabe ser realizada. Tal vez no, aún, masivamente porque, ya dije, el engaño impregna cada una de nuestras neuronas. Pero una utopía que puede prender en personas o pequeños grupos de personas. De esa manera, siendo tan insignificantes, la resistencia violenta de los mantenedores del actual status quo podría no manifestarse en toda su crudeza.

    Tal vez no haya sido capaz de explicarlo con la debida precisión. Pero, en todo caso, vale la pena dedicar una vida a sembrar una semilla de libertad.

    Feliz 1 de mayo.








    3 comentarios:

    1. Encantado quedo por estas palabras. Este es el discurso que yo repartiría a todos aquellos que pronunciemos la palabra trabajo en cualquier momento o circunstancia. Palabras con las que a mi me hubiese gustado saber explicar lo que ocurría en tantas ocasiones como lo intenté sin conseguirlo. Gracias por crearlas y dar vida y complemento a pensamientos indefinidos de algunos que necesitábamos afilarlos.

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    2. Excelente Post,aunque puede mejorar la forma de explicar lo dijiste tal y como esta en la vida real y que muchos ignoran al haber sido adoctrinados con un sistema exclavista y que solo beneficia a unos pocos

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