• Navega al azar. Pulsa las flechas y deja que la fortuna te dispense un artículo.

    martes, 17 de diciembre de 2013

    Soy inmensamente rico

    Lo sé. Puedo sentirlo todos los días, cuando me ducho y sale un agradable, sostenido y cálido chorro de agua caliente. El simple hecho de tener agua corriente me sitúa de forma automática en una situación económica superior a un tercio de la población mundial. Y eso sin contar lo de que salga caliente.

     Además, puedo conseguir comida fácilmente. Y, no solo eso, escoger la que más me guste. Podría seguir enumerando circunstancias que me definen como una persona inmensamente rica. Al menos, en comparación con varios miles de millones de otras personas. Soy un privilegiado.

     La cuestión es: ¿quiero vivir en un mundo así?

     Y la respuesta no es del todo simple. Somos criaturas complejas. Por una parte podría sentirme bien por ser inmensamente rico. Por otra, mi riqueza también podría no parecerme suficiente si la comparo con un pequeño porcentaje de la población mundial que me supera ampliamente. Y, aún más, en un rincón de mi cerebro se puede gestar el raro sentimiento de que esto es totalmente injusto.

     El mundo contiene suficientes recursos para que todo el mundo pudiera vivir bien. Pero ocurre que estos recursos están claramente mal distribuidos. Y esto no obedece a un "hecho natural" sino a una evidente perversidad humana.

    HAY TRES CLASES DE PERSONAS

    1) Las que piensan que los recursos deberían distribuirse de forma igualitaria entre todos los seres humanos.

    2) Los que opinan que hay clases y que cada uno debe tener y disfrutar lo que pueda conseguir (por méritos, herencia o casta).

    3) Los indiferentes que, o bien se contentan con su suerte o simplemente pasan de complicarse con disquisiciones intelectuales.

    Parece evidente que los indiferentes contribuyen de manera eficiente a que los del segundo grupo sean claramente vencedores. Los recursos están injustamente distribuidos porque una pequeña parte de la población los controla y una mayoría acepta pasivamente la situación. Está claro que para controlar los recursos y apropiárselos hace falta que la mayoría sean simplemente productores baratos. El mundo que dibujan los defensores de las castas es uno en el que las castas inferiores (la mayoría) dispongan de los recursos justos para seguir produciendo sin fallecer masivamente. Y este es el mundo en el que vivimos.

    ¿Te gusta?

    Si opinas que un mundo mejor es posible, de ninguna manera deberías estar en el grupo de los indiferentes. Y, salvo que pertenezcas a ese 1% de la población mundial que controla realmente los recursos, tu opción inteligente es la número 1.

    En ese caso, deberías estar haciendo algo. No te puedo decir exactamente qué. Pero piénsalo.

    La indiferencia siempre es injusta. Y, planteándolo de la forma más egoista, la indiferencia terminará haciéndote daño. Sufres sus consecuencias cada día, cuando te suben el precio de la luz, cuando suprimen servicios sociales que podrías llegar a necesitar un día, cuando pergeñan leyes que te harán aún más esclavo del sistema, cuando derriban progresivamente el estado de bienestar, cuando eliminan tus derechos... ¿sigo? Lo estás viendo cada día. Pero tu indiferencia te está cegando.

    Mira a tu alrededor y haz algo. Antes de que sea demasiado tarde.




    No hay comentarios:

    Publicar un comentario en la entrada

    El Plus

    Conexiones



    El Twitter