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    jueves, 13 de febrero de 2014

    No debería gobernar un país quien no haya pasado hambre.

    Es posible que esa condición no se cumpla al momento de jurar el cargo pero tendría una fácil solución. De hecho, creo que cualquier persona que vaya a ostentar un cargo público relevante en el gobierno de un país debería ser obligado a ayunar durante unos pocos días (pongamos una semana).

    Creo firmemente que es imprescindible para gobernar un país. No se puede legislar sin ser sensible, por experiencia propia, a lo que es pasar hambre.

    Sé que no es lo mismo pasar hambre durante un período temporal sabiendo que tiene un final. La gente que de verdad pasa hambre lo suele hacer con la carga sicológica adicional de no tener certeza del final de su desgracia. Pero unos pocos días sin comer ilustran algo sobre lo que se siente.

    De hecho, pasar hambre involuntariamente es mucho peor. Te llevas a la boca lo que puedes y eso prolonga indefinidamente el malestar. En un ayuno, pasados unos días, lo peor desaparece hasta que se hayan consumido las reservas de grasa. Aún más, una persona que ayuna voluntariamente, experimenta un interesante estado de bienestar al cabo del cuarto o quinto día; estado que se puede prolongar incluso semanas.

    Pero una persona que pasa hambre sin quererlo vive constantemente el infierno de esos primeros días. Y, probablemente, no llegue a ese estado desgraciado con una oronda reserva.

    Digo esto porque me rompe las entrañas la insensibilidad hacia las desgracias ajenas. Y me entran ganas de matar al comprobar como se legisla para esa monstruosidad insensible que llamamos "mercados" sin el más mínimo remordimiento por los sufrimientos individuales, los de las personas.

    Está pasando. Hace tiempo que pasa. Las figuras descarnadas de negritos muriendo de hambre apenas nos tocan alguna fibra sensible. Viven con nosotros esas imágenes pasando por nuestro cerebro sin apenas tocarlo. Pero sabemos de sobra que el mundo posee recursos suficientes para repartir. Me duele que hayamos asumido que esas desgracias son normales.

    Las fronteras nos confunden. La humanidad no tiene más fronteras que las que hemos creado artificialmente. Mi vecino es tan ser humano como cualquier otro que viva, supongamos, en Etiopía o en cualquier otro país que apenas sabemos ubicar en un mapa.

    Y, aún asumiendo esta bochornosa insolidaridad, que alguien gobierne un país y sepa que alguno de sus conciudadanos pasa hambre me hace pensar que tal gobernante es profundamente inhumano y cruel. Con toda probabilidad no sabe lo que es el hambre. Y esto no debería permitirse. La conciencia de lo que es el hambre debería ser obligatoria antes de poder jurar un cargo público con capacidad para legislar.

    Lo digo totalmente en serio. Ningún ser humano debería pasar hambre o frío. Ninguno, en ninguna parte.

    Lo que nos lleva directamente a una solución sensata: la renta básica universal. Toda persona debería tener unos ingresos mínimos a cuenta del estado por el solo hecho de nacer.

    No voy a entrar en análisis detallados que no me corresponde a mi hacer ahora pero sé que es perfectamente posible. Una renta básica universal, de entrada, nos ahorraría una gran cantidad de ayudas, posiblemente becas y otros usos del dinero público que, cuando una familia tiene asegurado un dinero para sus necesidades fundamentales, ya no serían prácticamente necesarias.

    Sé que quienes se oponen a esta idea que, de todas formas, encaja perfectamente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, esgrimirán mil argumentos como, por ejemplo, que serviría para que cualquier drogadicto o alcohólico perpetuara su situación. Pero disiento, ya que gozando de un mínimo de seguridad estoy seguro que habría muchas menos situaciones de este tipo.

    Reorientar el uso del dinero público, eliminar instituciones extemporáneas (monarquías, diputaciones, senado... según el caso de cada país). Redistribuir la riqueza para que nadie (absolutamente nadie) pase hambre o frío. 

    Creo que no solamente es posible sino que constituiría uno de los hitos fundamentales de la humanidad hacia una sociedad de la que podamos sentirnos verdaderamente orgullosos.


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